3.- ¿Qué es la adolescencia?

3.- ¿QUÉ ES LA ADOLESCENCIA?

Tomado de ANEXO 2 de la Guía de UNICEF

Observatorios ciudadanos: Adolescencia y juventud

1.      ¿Qué es la adolescencia?

 

A partir de la adolescencia arranca en el ciclo vital humano el rol productor y reproductor. El período adolescente y juvenil es un período con características propias en el ciclo vital y sumamente importante en el desarrollo humano.  Sin embargo, como producto del desarrollo histórico de los paradigmas del concepto y su desajuste ante los rápidos cambios y transformaciones del mundo de hoy, la adolescencia ha sido invisibilizada en muchos aspectos y abordada de forma conflictiva y distorsionada desde las representaciones sociales.

Se ha dicho que en la niñez queda jugado el partido del desarrollo y no cabe duda de que es un primer tiempo fundamental. Pero la adolescencia es el segundo tiempo de este partido. Es un período clave en el desarrollo humano, donde se estructuran y reestructuran las dimensiones que sostienen las relaciones con uno mismo y el mundo. 

La adolescencia es un segundo nacimiento que tiene grandes diferencias con el primer nacimiento. En el primer nacimiento el bebé es recibido por la familia, la cual se ve empoderada, ante su vulnerabilidad y dependencia, para promover y proteger su desarrollo. En el segundo nacimiento pasa todo lo contrario, pues implica para los hijos diferenciarse de la familia y salir a la sociedad más amplia. Eso no tiende a ser bienvenido por las figuras parentales, desencadena un duelo emocional en ambas partes del grupo familiar, una confrontación de posiciones, una reestructuración de las relaciones de poder. Es un segundo nacimiento sumamente complejo.

2.      Las transformaciones psicosociales en el período adolescente

 

Señalaremos breve y esquemáticamente algunas transformaciones psicosociales que se dan en la adolescencia (Krauskopf, 1994):

a)  El área intelectual trae nuevos recursos a los adolescentes para el replanteamiento de sus relaciones con el mundo.  Se fortalece la posibilidad de abstraer, de mirar más allá de lo concreto; la posibilidad de reflexionar, volver la mirada sobre sí mismos, sobre sus propios pensamientos y sobre lo que se les plantea.

b)  El área sexual, además de hacer realidad la capacidad reproductora, lleva a la emergencia de los impulsos sexuales y las vivencias del amor, lo que constituye para los y las adolescentes un empuje para salir del hogar familiar e insertarse en el mundo de una nueva forma. No es posible desarrollar esa área y las relaciones sociales contando sólo con los miembros del interior de la familia.  Por ello, la sexualidad es uno de los motores que sacan a los adolescentes de la familia, lo que trae muchas dificultades a la sociedad, pues ésta no ha desarrollado congruentemente los enfoques ni la programación requerida para sustentar las respuestas.

c)  El área social, enriquecida con estos y otros elementos, trae la posibilidad de poner las ideas y valores en práctica, elegirlos y revisarlos, desarrollar estrategias y destrezas para la interacción social, incorporarse a nuevos grupos y horizontes.

d)  Se configura así un campo nuevo de capacidades, sentimientos, visiones y relaciones consigo mismo, con el mundo y la sociedad, que impulsa la búsqueda de la elaboración de una identidad. Ya el eje de la orientación personal y social no está exclusivamente apoyado en la dependencia de la familia, o en conceptos predeterminados o verdades aparentemente absolutas. Por ello surge como una necesidad imperiosa tener una brújula interna —la identidad— que incorpore los elementos ya adquiridos y los resintetice en la exploración de oportunidades, capacidades personales y sociales, que a su vez aportan a su construcción. Esa identidad se reelaborará en diversas oportunidades a lo largo del resto del ciclo vital (Marcia, 1996).

 

La población adolescente y juvenil es heterogénea. Fuentes de dicha heterogeneidad son las fases cronológicas y modalidades en que se dan los procesos de la adolescencia y juventud, así como las condiciones en que el desarrollo ocurre. Estas condiciones se articulan histórica, social y culturalmente en función de la edad, las características biológicas, la generación de pertenencia, la clase social de origen, el género, la ubicación en la familia, la situación de los derechos humanos en su entorno.

Aun cuando las fases cronológicas durante la adolescencia no pueden normativizarse, dado que presentan la heterogeneidad ya mencionada, es conveniente señalarlas de modo simplificado como un referente para su comprensión.

 

En la adolescencia temprana, aproximadamente entre los diez y los trece años, el cuerpo se transforma muy rápidamente y las personas se ven enfrentadas a nuevas respuestas del propio cuerpo y del medio social. Estas nuevas respuestas no son necesariamente buscadas; a veces son inesperadas o indeseadas. Es un período de reelaboración muy importante en que se destaca la preocupación por lo físico y lo emocional. 

En la adolescencia media, las modificaciones corporales están más incorporadas y se destaca la preocupación por la afirmación personal y social, con una mayor autonomía en las nuevas perspectivas. Expresiones de estas búsquedas y necesidades son los grupos de pertenencia o interacción, las diversas actividades, las experiencias de amor, de acercamiento sexual, etcétera. Es una etapa en la que, a menudo, emergen tensiones entre las personas adolescentes y la familia o las instituciones sociales.  Hacia el final de la adolescencia se destaca la búsqueda de prácticas sociales que resuelvan la preocupación por su incorporación en la sociedad, tanto en el plano productivo, afectivo, como en el reconocimiento de sus aportes y expresiones.

3.      La incidencia de las transformaciones modernas

 

La adolescencia, además de ser un período de intensas transformaciones en el desarrollo personal, se da actualmente en medio de los veloces cambios sociales y culturales de las propias sociedades. Como producto de la modernización, de los nuevos avances técnicos y científicos, de la globalización acelerada, la vida se ha prolongado y se han modificado las características del recorrido existencial, lo que favorece su diversificación (Krauskopf, 2000).

Cuando la vida era más corta, la gente se casaba más temprano, el rol desempeñado era más fijo y por un tiempo más breve. Esto incide en la resignificación de la preparación y también de las relaciones generacionales.  La rápida obsolescencia de los instrumentos de avance cognitivo y social desencadena la necesidad continua de preparación con nuevas perspectivas en las modalidades de adquisición y abordaje de los conocimientos y destrezas para afrontar las variantes del recorrido de vida (Rama, 1994). Ya no son solo los niños y los adolescentes preparándose, sino que también lo requieren permanentemente los adultos (Lutte, 1991). Ambas generaciones tienen distintas velocidades de aprendizaje y de la capacidad innovadora para aplicar y sintetizar esos conocimientos. Manejan bagajes de conocimientos que requieren compartir y desarrollar cooperativamente (Krauskopf, 2000).

Ya no podemos decir que el futuro es el eje orientador de la vida, sino que, a partir de las condiciones del presente y de lo que logramos hacer en este presente, podemos proyectar hacia el futuro, con cierta flexibilidad, con cierta incertidumbre. La adolescencia y la juventud constituyen un segmento poblacional que percibe las incertidumbres del futuro y requiere de la construcción de un presente pleno de sentido (ibídem).

 

4.         La ciudadanía activa

 

Así como se ha usado como palabra clave en políticas para la niñez la protección de sus derechos, hacia la mujer ha sido la igualdad y equidad de género (Rodríguez, 2000).  La ciudadanía activa es uno de los ejes que contribuye a ubicar más correctamente a los adolescentes y jóvenes en la sociedad.

¿Qué implica la participación activa en la adolescencia y juventud? Tendemos a institucionalizar términos como participación, con lo cual damos por resuelto el problema. 

Hay formas de involucramiento juvenil que en realidad no son participación: cuando simplemente se les informa, cuando son simbólicas o cuando realizan tareas accesorias. 

Estas actividades, si bien cumplen en ocasiones papeles positivos para el posicionamiento juvenil en la sociedad, como puede ser la visibilización, no son participación. Dada la preponderante invisibilización de la población adolescente y juvenil, estos son comienzos de un aporte a la visibilización y el reconocimiento que pueden favorecer acciones mas profundas. También ofrecen la oportunidad de que los propios jóvenes se reconozcan entre ellos y pueden llevar a un empoderamiento de la identidad juvenil (Krauskopf, 2000).

Se da participación con compromiso cuando adolescentes y jóvenes reciben y proveen información con retroalimentación para mejorar objetivos y resultados. En la participación con empoderamiento, son consultados para establecer, priorizar y definir objetivos, toman decisiones y se coordinan con los demás participantes.  Son corresponsables de los resultados. El empoderamiento se traduce en un apoyo a sus habilidades y talentos, en un reconocimiento y respaldo a los emprendedores de proyectos.

En la participación con autonomía y empoderamiento, los jóvenes inician la acción, desarrollan proyectos y propuestas propias, fijan objetivos, metodologías, se expresan si es necesario con sus códigos, buscan apoyo, asesoría, acompañamiento adulto cuando lo requieren. Participación, en conclusión, no es ver a los adolescentes y jóvenes como simples sujetos beneficiarios o como voluntarios en roles residuales. La participación se da en la generación de un ambiente de colaboración intergeneracional o intrainstitucional para la toma de decisiones, la colaboración en la solución de los problemas y el desarrollo de las iniciativas (ibídem).

Son cada vez más frecuentes las formas de participación social activa en que los jóvenes se interesan por nuevos parámetros que son éticos, estéticos y subjetivos, muy diferentes de los contextos ideologizados y burocratizados jerárquicamente que fueron tradicionales en el siglo pasado.  Los atraen las redes vinculantes, flexibles, las coordinaciones transitorias. Buscan metas palpables (Serna, 2000). Aquí hay que incluir y reconocer los significados de las prácticas de los jóvenes preocupados por el ambiente, la situación de las etnias, así como por las expresiones subjetivas de los jóvenes en manifestaciones artísticas y de otro tipo.

Cuando están excluidos de una incorporación positiva, los jóvenes encuentran formas de participar que se expresan en una visibilización aterrante (Krauskopf, 1996). Se manifiestan en el ejercicio del poder y la organización desde la exclusión. Los excluidos excluyen a quienes ven como los representantes de su exclusión y se visibilizan en el poder que da ver el rostro del temor en los demás.  Hay otras formas de resistencia desde la exclusión. Son respuestas de los jóvenes, aparentemente pasivas, que se constituyen en un rechazo a las características de las propuestas y opciones que encuentran. Es una forma de confrontación poco sistematizada ideológicamente, que se expresa por la vía de la actitud y está estrechamente relacionada con los bloqueos generacionales. A través de la resistencia, los adolescentes y jóvenes procuran no ser consumidos por el medio, pues no desean ser integrados con la exclusión de sus sueños y necesidades (Duarte, 1996).

5.      Los programas y políticas

 

Las políticas y programas que incluyen a la población adolescente y juvenil la comprenden desde distintos paradigmas (Krauskopf, 2000), que se han dado a lo largo de la historia de las sociedades y que coexisten actualmente.

La fase juvenil, como período de transición, ve al adolescente como alguien que terminó la niñez y que va a llegar a ser adulto. Por lo tanto, está en un tránsito al cual le corresponden ciertas políticas, en las que lo principal es prepararlo para que llegue a ser adulto. A ese paradigma le corresponde la extensión de la cobertura educativa y también los programas del tiempo libre. Esta sería la mejor manera de llegar a formar un buen ciudadano en el futuro.

Las políticas y los programas que corresponden a ese paradigma son universales, indiferenciados y aislados.  Por ejemplo, los de tiempo libre son totalmente aislados.  En el paradigma mencionado el adolescente es invisibilizado como sujeto social; no es niño ni adulto; se visibiliza cuando perturba: drogas, embarazo, violencia, vandalismo, etcétera. Así emerge el paradigma del adolescente-problema, que enfatiza la juventud en riesgo, la juventud transgresora. A este paradigma corresponden políticas más bien compensatorias, sectoriales; se atienden problemas específicos, se le da mucha relevancia a la juventud urbano-popular y las ofertas son muy dispersas; el sujeto social se fragmenta.

6.      Conclusiones

La adolescencia, en un mundo de permanentes cambios, pasa a tener mayor relieve social, por cuanto los adolescentes y jóvenes son capaces de romper la inmovilidad de los roles facilitando el avance nacional en el campo global. Absorben, con mayor flexibilidad que otros segmentos etarios, las transformaciones culturales.

Son una fuerza social en proceso de estructuración, con una visión y concepto de vida específicos, con sus propias potencialidades, capacidades y expresiones, como la energía, la facilidad para nuevos aprendizajes, el entusiasmo, la creatividad, sus correspondientes demandas y propuestas.

En las vidas juveniles tienen presencia la incertidumbre, las carencias, las inequidades, el temor y los desequilibrios.  Urgen estrategias para lograr su inclusión, contribuir a la emergencia de sus plenas capacidades y reducir las barreras que obstaculizan su plena incorporación en el marco de un modelo de participación activa con un diálogo intergeneracional de colaboración, responsabilidad y construcción mutua.

Esto significa articular y liberar espacios, recursos y mecanismos para establecer la visibilización positiva, abrir la escucha desde la equidad con reconocimiento de la expresión de los elementos identitarios adolescentes y de su diversidad para incluir estos aspectos, en el diseño de normativas y ofertas programáticas destinadas a ampliar los derechos y deberes ciudadanos de los y las adolescentes.

 

 

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

 

 

UNICEF – Adolescencia y participación – Palabras y juegos

UNICEF – Educación y participación adolescente – Palabras y juegos

UNICEF – Salud y participación adolescente – Palabras y juegos

UNICEF – Justicia y participación adolescente – Palabras y juegos

UNICEF – Cultura y participación adolescente – Palabras y juegos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s