publicado a la(s) 04/03/2012 08:37 por Semanario Voces
| Cayó por la redacción a la hora convenida y nos encontramos con una réplica del Pájaro Canzani pero con un nivel intelectual que asusta. Este Doctor en sociología que se enorgullece de ser un producto de la Educación Pública y sus más de treinta mil alumnos, es según dicen uno de los que más saben sobre Seguridad ciudadana en nuestro país. Nunca antes, lamentamos tanto la dictadura del espacio, porque la charla fue muy extensa y con un enorme contenido. Lo que sigue es el mejor resumen que pudimos lograr.
¿Cómo ves el problema de los menores? Este tema ya aparece en 1934 y se repite en el período de la crisis estructural del Uruguay a mediados de la década del 50 y vuelve a aparecer en el período posrestauración democrática 87-88, con el manido argumento de la rebaja de la edad de imputabilidad penal y que los menores maduran antes. Esa idea de que ahora se madura antes ya aparece en la década del 50. No inventamos nada. No. Los menores que son adolescentes pobres, los adolescentes maduran después. Hay una diferencia entre el menor pobre con tendencias atávicas, perverso, incorregible, el muchachón y el adolescente que es un niño y merece los mayores cuidados. Hoy en día se argumenta que maduran antes, pero veo a mis amigos con hijos de 25 o 30 años que todavía están esperando que le den la plata para el cine. Sí, maduran antes los que son pobres. Claro, no tienen más remedio. Tenés un adolescente por un lado y un menor por el otro que tienen la misma edad. Cada vez más, los medios de comunicación lo difunden con más asiduidad. “Un menor rapiña a adolescentes” o “Menores provocan violencia en la puerta del liceo”, pero los que están adentro del liceo son adolescentes y los que están afuera, son menores. Ahí está la construcción del menor. El rol de los medios de comunicación, que construyen una víctima muy particular y un victimario. ¿Cómo es eso? Hoy en día tenés víctimas clase A, B y C. Se están construyendo víctimas de una manera bien distinta. Tenés la víctima A, “producto de una rapiña a un comerciante”, que adquiere un rol central en la crónica periodística. Inmediatamente después, aparece el familiar con el máximo de dolor, llorando la muerte. Tenés una víctima clase B, que no ocupa el mismo espacio. El año pasado, hice un estudio específicamente sobre la cantidad de espacio que le dedican a las mujeres víctimas de violencia doméstica. Parecería que ese familiar de víctima de violencia doméstica no tiene el mismo quantum de dolor que la víctima del comerciante recién rapiñado. También podés tener un escalafón aún más bajo de dolor de familiar, que es el familiar que no conoce el destino del desaparecido. Construís distintos tipos de víctimas. Tenés también al victimario. El victimario es un ser enajenado que no tiene códigos, ni historia, ni ninguna motivación.Siempre el sentido de la historia depende del punto de desde donde comenzás a contarla. Si empezás a contar la historia de ese victimario a partir de que disparó, robó o mató por dos pesos, es muy distinto a que si recuperás esa historia y empezás a contar la historia desde antes de que ocurriera eso. El sentido de una historia depende del punto de partida desde el cual se empieza a construir o elaborar la historia. Hay víctimas y victimarios. Piensen por el absurdo. Piensen si le pondrían el micrófono al familiar de esos botijas de La Pedrera, por ejemplo del que murió atropellado. No les das el micrófono a las más de 600 víctimas de accidentes de tránsito para que hablen los familiares. Sí se lo das a la hija del almacenero, dos horas después de haber ocurrido un episodio trágico. El dolor de las víctimas es muy respetable, merece la máxima atención y políticas preventivas para reducirlo, pero el dolor de “todas” las víctimas, no de algunas en particular. Porque si no estás definiendo el contenido de una política de seguridad que viaja en el estribo del miedo y del dolor de las víctimas. Eso es nefasto como política de seguridad, porque en vez de gobernar los miedos, estás siendo gobernado por los miedos, y las demandas por seguridad son infinitas, son imposibles de ser satisfechas. A eso se suman los intereses corporativos, los intereses electorales que encuentran una oportunidad en el tema de la seguridad para ganar más votos. En definitiva, no estás construyendo la agenda. Como líder político no estás conduciendo la opinión pública, sino que estás siendo conducido por la opinión pública. Una opinión pública conducida a través de estereotipos. Exacto. Es una opinión pública sensibilizada por determinados tipos de episodios que demanda soluciones urgentes, que desconoce lo que ha sido la historia del problema, desconoce las soluciones anteriores. Por ejemplo, las leyes de urgente consideración. Tres períodos de gobierno, 1990, del Dr. Lacalle; 1995, de Sanguinetti y en el año 2000, de Batlle, comenzaron la gestión en marzo enviando al Parlamento leyes de urgente consideración, todas destinadas a medidas más duras para enfrentar el delito con mayor represión, mayor exigencia a los jueces de que apliquen la legislación con más severidad. Lo que se ha logrado en estos últimos 20 años es que se duplicaron las denuncias de delito, se cuadriplicó la cantidad de presos y el miedo (a partir de 2009) se convierte en la primera preocupación de los uruguayos. Más que los delitos, crece la cantidad de presos. Más que la cantidad de presos, crece el miedo. Es una política perversa de la cual la administración de izquierda no ha sabido salir, no ha sabido construir una hegemonía de pensamiento contra ese discurso. Es un poco suicida, desde el punto de vista político, salir con un contradiscurso a decir: “Estamos muy seguros” o “Este problema no existe”. Claro. Si tuviera que hacer un balance de las políticas de seguridad, diría que es un balance muy negativo. No logró reducir drásticamente el delito, el nivel de denuncias de delitos sigue aproximadamente igual. Hizo un giro discursivo punitivo, hipotecando la posibilidad de elaborar una política alternativa y no ganó votos. Hay algo que no se ha dicho y es que el nivel de aprobación de la gestión del Ministerio del Interior al día de hoy tiene el mismo nivel de aprobación que a la misma fecha del gobierno de Tabaré Vázquez. No cambió nada. El nivel de desaprobación de la gestión ministerial es más del 65%. Es el mismo nivel de desaprobación que tenía Díaz. Conclusión: la gestión de la seguridad de la primera administración frenteamplista no era tan ingenua, ni la actual gestión es tan pragmática siendo que parten de lugares distintos, porque, como decía Juan Faroppa, junto a Díaz fue un desembarco en Normandía, en un terreno totalmente desconocido. Cinco años después hay mucho más conocimiento de una cartera compleja como lo es la del Ministerio del Interior, muy difícil de entender su funcionamiento. ¿Ese conocimiento se transmite si cambian los equipos enteros? Creo que hubo un cambio en la gestión, en el discurso, que se volcó hacia un discurso más conservador y no logró una mayor aprobación a nivel de la opinión pública. ¿Cuál era el estado de situación de varias generaciones viviendo en una situación de extrema marginalidad? Hoy hay más trabajo, pero entre los jóvenes menores de 25 años la desocupación sigue igual que en los últimos 20 años, triplican el índice. Si mirás la informalidad del trabajo, los jóvenes menores de 25 años duplican la informalidad global, que también se redujo muchísimo. Los jóvenes son los primeros en perder el trabajo en momentos de crisis y los últimos en recuperar el empleo en momentos de crecimiento económico. ¿Es una constante que se da en las dos cosas en los últimos 20 años? Las estadísticas del INE me dicen claramente que cuando la desocupación está alta, es el triple y cuando la desocupación está baja sigue siendo el triple. Al día de hoy, hay un 6% y un 18%. La informalidad bajó enormemente, pero históricamente en los últimos 20 años, la informalidad en el mercado de trabajo es de un 38% cuando ves los menores de 25, es un 76%. Tres de cada cuatro puestos de trabajo son informales. En vez de explicar esto, se prefirió decir:“No roban para comer, ya no hay códigos o hay un proceso de favelización”, atribuyendo la responsabilidad a los jóvenes, a los propios pobres que viven en contextos de marginalidad. Creo que eso fue un error que no solo va a cuestionar las políticas de seguridad, sino también las políticas sociales, porque si las políticas sociales no determinan un mayor nivel de inclusión, si no determinan un descenso del delito, me están metiendo “la mano en el bolsillo”, no estamos logrando lo que nosotros queremos. Nunca se sabrá si determina un descenso o evita un aumento aún mayor. Bueno, pero eso hay que explicarlo. Eso es mucho más complejo, hay un problema de consumo exacerbado como si solo de pan con mortadela vivieran las sociedades. Necesitás este nivel de consumo para sostener las políticas educativas y sociales. Estás alimentando lo que justamente luego te trae el problema. El motor de la economía en estos momentos son los bienes de consumo. El 11.4% de crecimiento en el nivel de consumo.Tengo los datos de la cantidad de celulares que se han importado, 1 millón 400 mil, necesitás generar la necesidad del recambio tecnológico del celular pero luego construís tu propia identidad, tu sentido de la vida en función de tener la última tecnología del celular, el plasma, el 0 Km. Los 51 mil 0 Km. también son una fuente impositiva importantísima para sostener el crecimiento de la economía. Se genera esa necesidad que perversamente es lo que alimenta la posibilidad de extender políticas sociales, educativas, tener saneado el déficit fiscal y que los números de la macroeconomía cierren. Ahí hay un debate. Es el paradigma de la época. Sí, porque es difícil escapar de eso… es difícil no hacer el puente sobre la laguna Garzón. Más allá de que creas que vamos “hacia el abismo con este nivel de consumo”, como dice el Pepe, quien en algunos pasajes de su discurso lo tiene clarísimo: el mundo no da, es imposible mantener este nivel de consumo porque estás al límite de las posibilidades de la naturaleza. Lo tiene claro, pero después tiene que aprobar lo de la laguna Garzón, porque necesitás crecer y los números de la economía macro tienen que cerrar y tenés que financiar toda una estructura que en definitiva lo que hace es compensar los residuos humanos que deja este modelo de desarrollo económico. Con la seguridad ¿decís que hay un cambio de discurso pero no hay un resultado mejor? Lo que antes era un problema de seguridad ciudadana multifacético que debía de ser abordado a través de distintas agencias con iniciativas contra la violencia doméstica, el maltrato infantil, con los accidentes de tránsito y el control de armas de fuego. Esta administración pone el acento en otro lado, ya no busca lo bueno sino que se trata de evitar lo peor. Se anuncia favelización, feudalización, crimen organizado, “barones de la droga”, hay que evitar lo peor. Un discurso ambiguo sobre la tenencia de armas. ¿No sirven los megaoperativos? Con los megaoperativos es clarísimo el cambio de paradigmas. Observá cuál es el sustento del megaoperativo. Se dijo en un primer momento que era evitar la favelización en determinados barrios, se dijo que se iba a buscar delincuentes específicos con la orden de allanamiento, se dijo que no importaba que fueran muchos los detenidos y pocos los procesados; algo bíblico: “Serán muchos los llamados, pero pocos los elegidos”, acá se cambió: “Serán muchos los detenidos y pocos los procesados”, porque en realidad, se detenía a mucha gente por desacato. En un momento de la breve y frustrante historia de los megaoperativos, aparecieron distintos ejes. Se habló de que el problema era el desacatado porque no se aplicaba el Código de Faltas. La última justificación es que es un instrumento para la convivencia y son operativos extremadamente invasivos donde desembarca una tropa a cara descubierta que pretende restablecer la convivencia en esa zona. ¿Cuál es la finalidad de los megaoperativos? Hay un tema: la opinión pública los pide y ahí también está el desafío de la hegemonía, de la capacidad de liderazgo que un gobierno de izquierda debe de tener y que hoy está ausente. Si hacemos un cuadro sintético de la opinión pública, veremos que la opinión pública está de acuerdo con que se hagan megaoperativos, siempre y cuando no sean en mi barrio. ¿Cómo ves el sistema carcelario? Estoy convencido de que las cárceles no funcionan. ¿Hay alguien que pueda decir que las cárceles realmente funcionan con la finalidad de resocializar, reinsertar? No, pero hay menos elementos peligrosos en la calle. Es una forma de neutralizarlo.Van a salir peor, pero eso hay que decírselo a la gente. Al poco tiempo vuelven a la cárcel. A los que piden más cárceles creo que habría que llevarlos para que las visitaran. ¿Son una fábrica de resentimiento? Fuente de resentimiento, odio, violencia, todo eso se desarrolla ahí adentro. En realidad, dadas las condiciones carcelarias, dada la situación de marginalidad consolidada durante generaciones, lo que habría que hacer no es rebajar la edad de imputabilidad. Lo que habría que hacer es al revés, no es utópico ya que ocurre en Alemania donde hay un régimen especial en el cual el juez tiene la discrecionalidad de aplicarlo o no. Son mayores a partir de los 18, pero entre los 18 y los 21, el juez tiene la discrecionalidad de aplicar el Derecho Penal Juvenil más benigno en otro centro de reclusión que no esté en contacto con el mundo adulto. Es un sistema al revés. Ningún político dice eso. Yo no soy político, soy frentista pero independiente, no tengo partido así que no tengo inconveniente de decirlo. El gran problema es que se ha alimentado un discurso conservador de que: “No quieren trabajar, no tienen códigos ni valores, quieren el champión, la campera de marca y lo van a robar a la puerta del liceo”. Hay un consumismo exacerbado en los pobres. En la clase media es el motor del crecimiento pero ellos también quieren consumir. Un gobierno de izquierda no les puede decir a los pobres que no fueron invitados a la fiesta, que la miren de afuera. ¿Cómo hacés para que un gobierno adquiera legitimidad, sea fiel a su discurso y decirle: “Vos sos pobre y no fuiste invitado a la fiesta, quedate afuera y te voy a aplicar la mano dura”? Pero ¿cómo contraponés un discurso creíble, orgánico, legitimado, coherente frente a la que se viene ahora con la campaña de la rebaja de la Ley de Imputabilidad Penal, una vez que dijiste que los principales protagonistas del estado de inseguridad son los pibes más pobres que viven en favelas y que el frentista compró ese discurso? Ahí tenés el problema, hay frentistas que están recogiendo firmas y no se dan cuenta de que hay una batalla cultural mucho más amplia atrás y que no es solamente las firmas y la rebaja de la Ley de Imputabilidad Penal. Hay algo mucho más profundo detrás de la campaña de las firmas. Hay un cuestionamiento a un modelo de izquierda, de un modelo alternativo. ¿Cómo se da esa batalla cultural? Hay que construir un discurso coherente, convencer a la opinión pública de dónde están realmente los problemas, cuáles son las soluciones. Tiene que haber un llamado a la responsabilidad a aquellos que promovieron las medidas que llevaron a esta situación, porque tener 10 mil presos, con esta cantidad de presos no hay programas ni esperanzas. Desapareció del discurso la idea de rehabilitación, la reinserción. Ahora lo único que interesa es que no se fuguen. Hubo un convencimiento de la opinión pública de que solo la privación de libertad puede resolver el problema y que la seguridad va a estar mejor cuanto mayor sea el número de presos existentes. Esa es una premisa falta, hay que desmentirla. Los problemas de seguridad no son problemas que se vayan a resolver a través de una ley. El problema es la baja adhesión de las leyes ya existentes y no un problema de falta de leyes. Uruguay evolucionó en las imágenes sociales, de la sociedad amortiguadora a la sociedad anómica. Lo que caracterizó a Uruguay de la década del 50 es la sociedad amortiguadora. Hoy en día tenemos la sociedad anómica. Volviendo al tema de la batalla cultural, ¿qué papel juegan los medios de comunicación? Juegan un papel importante. Generan determinado tipo de problema. Inducen la idea de que la solución tiene que ser de tipo mano dura y mayor represividad. ¿Cómo sale un discurso desde la izquierda contra esa cultura? Es difícil. No es una realidad exclusivamente uruguaya, pasa en todo el continente y en todo el mundo. En definitiva, las políticas de seguridad en buena medida están escritas por los medios de comunicación. Son una respuesta a una demanda de un medio de comunicación. Te digo la verdad, no tengo una respuesta que sea coherente. Podría decirte que apelando a la responsabilidad social de los medios. Los medios no pueden alimentar el pánico, ni hacer esa utilización antiética de que la noticia policial vende y la gente la compra y si le pongo música a la noticia policial, compra más noticia policial. Hay ahí una responsabilidad del sistema político que se alimenta de ese tipo de discurso y termina siendo conducido por la opinión pública, que es alimentada por los medios de comunicación. ¿Cuáles son las estrategias? Ahí entrás en la falta de medios propios alternativos, en la construcción de un discurso alternativo y no es un tema fácil y Pepe sacó la Ley de Medios de la agenda y dijo: “Con esto no me meto”. La posibilidad de construir alternativas contraculturales no es fácil. En los espacios de debate público de tipo político, en el mano a mano, en los Comités de Base. Lo peor, lo más grave es que ese discurso lo está comprando una parte sustantiva del Frente Amplio. Hay una porción de la sociedad que se va a alimentar de lo que digan los medios de comunicación masiva. La gente que menos sale a la calle, que menos riesgo corre es la que más miedo tiene porque es la que mira más televisión. Enfrentar eso es difícil. Sin una televisión que esté regulada por una Ley de Medios y que diga que no podés entrevistar al familiar de una víctima de un crimen, de la misma manera que no entrevistás a un familiar víctima de un accidente de tránsito. Sin llegar a ese fantasma que no es conveniente de la censura, hacer una regulación que diga que hay determinados límites que no pueden ser traspasados. Esa regulación no existe y creo que debería haberla. En política de seguridad no podés imitar a los países centroamericanos. Es una gran paradoja porque por primera vez el Uruguay puede ser un país del primer mundo, pero dibujó un problema de violencia como si fuera centroamericano y le quiere aplicar una política carcelaria africana. Parecería ser que vivimos entre las “maras” centroamericanas, en una sociedad de consumo sueca a la que le querés aplicar una política carcelaria africana -con respeto para los países africanos-, porque de acuerdo con Manfred Nowak, solo el peor es comparable al Uruguay. Dijo: “Solo vi cárceles como las uruguayas en Guinea Ecuatorial”. También está el tema de hacer una cárcel en Punta Rieles y los vecinos saltaron como pelota, no querían. Cárceles sí, pero no acá. Nadie quiere un hogar del INAU al lado, ni la cancha de Peñarol. Es una realidad que hay un malestar que se extiende en toda la sociedad y que la lógica que transmitieron los medios de comunicación es que frente a eso lo que se necesita es mano dura. Guerra al crimen. Desmentir el mito del combate al crimen. Calderón, en México, le declaró la guerra a las drogas, sacó el Ejército a la calle y se desmadró. Nunca había pasado… 30 o 40 degollados todos los días. ¿Por qué esta es una sociedad que se pone mucho más violenta que otras sociedades y que nosotros mismos tiempo atrás? Uruguay en el contexto latinoamericano está ubicado en el mejor lugar en lo que tiene que ver con los temas de violencia. Tiene las menores tasas de homicidio junto con Argentina y Chile. Claro, estás comparando con las sociedades más violentas y con mayor tasa de homicidios. Si te comparás contigo mismo (lo escribí en un libro en el año 2007), no tiene sentido comparar las tasas de homicidio de Uruguay con las de Colombia, Brasil o Venezuela, porque los uruguayos no se comparan con eso sino que se comparan con el pasado reciente.Todo pasado reciente tuvo su demonio, en la década del 50 estuvo el Cacho. Washington Beltrán en 1910 hablaba del pavoroso problema de los menores criminales y escribió el libro Cuestiones sociológicas: lucha contra la criminalidad infantil. La primera mitad habla de ese pavoroso problema. Nos comparamos con nosotros mismos pero también es cierto que no te podés comparar fuera del mundo. No podés decir: “No quiero meter transgénicos”, “No quiero puentes sobre la laguna Garzón”, “No quiero fertilizantes, pesticidas ni plantas de celulosa”, porque yo me comparo conmigo mismo, ¿pero vas a seguir con la estancia cimarrona? No podés. Es cierto que no te podés comparar con lo peor del continente, pero también es cierto que tampoco podés pintar al Uruguay, hacer click, cortar y pegar a Uruguay en Europa. Hay países europeos que tienen una tasa de homicidios de uno cada 100 mil habitantes. Hay que aprender de ellos a ver qué es lo que hacen. Lo que hacen, en primer lugar, es tener un sistema carcelario que demuestre que son mejores que los que incurrieron en el camino del delito. Hay una frase de Zaffaroni que a mí me parece brillante y sintética: “No hay cárcel en el mundo que funcione bien o que tenga lugar”. En todos los sistemas carcelarios hay hacinamientos a niveles aberrantes como el caso uruguayo y hay niveles no tan aberrantes pero hacinamiento. Hay más presos que sistemas carcelarios en todo el mundo y la corrupción no es una patología en la cárcel, es la anatomía de las reglas de juego del sistema carcelario. Como decía un político inglés: “La cárcel es una solución muy cara que hace que la gente salga mucho peor de lo que entró”. ¿Cuál es la solución alternativa a la privación de libertad? Medidas alternativas, trabajo comunitario, reparación víctima – victimario, eso también necesita un trabajo cultural porque si vos no querés que vayan a trabajar los pibes de “Uruguay trabaja” a tu puerta, mucho menos vas a querer que hagan una reparación. Hay medidas que buscan la reparación, la finalidad reeducativa a través de la conciliación de víctima – infractor. Es utópico dada la situación actual de la opinión publica, pero es lo que aplican los países a los que le va bien. ¿Qué pasa con la droga? La Junta Nacional de Drogas dice que no hay la prevalencia de la pasta base. En los delitos no es lo que la opinión pública cree. No es tan alta la prevalencia de la pasta base, es mínima. Es cierto que la pasta base ha tenido una incidencia muy fuerte en la calidad de vida de determinados sectores de la población, ya sea como usuarios de la sustancia, ya sea como vecinos de una boca de venta de pasta base, ya sea por la estigmatización que hace la gente de determinados barrios como consumidores de pasta base y vendedores al menudeo de pasta base. La pasta base es la consecuencia no deseada, ni prevista de una mala política de control de droga. ¿Cuál es el origen de la pasta base? En determinado momento Estados Unidos cuando ve que no puede quemar todas las selvas peruanas, colombianas y bolivianas, decide atacar los laboratorios a través de los precursores químicos que permiten la elaboración de la cocaína. A partir de esa política, se deja de industrializar en las cantidades que se venía haciendo la cocaína, y aparecen las cocinas de pasta base que bajás de Internet la forma de hacerlas, y de la hoja pasás a un producto bastardo, tremendamente dañino, añadido con sustancias que te queman las neuronas. Las neuronas entran en combustión, igual que con el crack y la nafta. El efecto alucinógeno es por la combustión de las neuronas, neuronas que no se reproducen. La pasta base es el producto bastardo de una política antidrogas equivocada. Nosotros somos consumidores problemáticos de políticas, porque Uruguay no elabora políticas antidrogas continentales, vienen de Estados Unidos. Entonces, Uruguay termina siendo un consumidor problemático de políticas de control de drogas que terminan generando este tipo de producto. A esto se suma que es un producto barato y la primera incautación de pasta base es del 2003. Cuando me preguntás por la pasta base, más que mirar el problema de la pasta base en el 2012, miro el problema de la pasta base en el contexto de la crisis de 2001 y en el contexto más general de una política internacional de control de drogas equivocada y que generó estas consecuencias. ¿Cómo ves la educación? En lo personal creo que se le está errando al foco.Se focalizan los problemas de educación, como un problema de organización, cuando en realidad, es un problema de significado. ¿Cuál es el significado que tiene la educación? ¿Cuál es el sentido que tiene el proceso educativo en una sociedad en transición?. En un modelo productivo que tiene sus límites -que no ha trascendido en una economía extractiva y basada en el precio de los commodities-, es un tema de sentido de la Educación que no se arregla con reformas organizacionales, con cambios estructurales. Si decimos que la educación es un barco a la deriva, focalicemos en la estructura del casco del barco o en la capacitación de los marineros o en el liderazgo del capitán. Puede haber problemas en ese nivel, pero lo que falta es una brújula que te lleve a un puerto concreto porque no sabés dónde está el puerto. La educación ya hace tiempo en Uruguay, y en el mundo, perdió el “implícito luego” que es la inserción en el mercado laboral. Es decir, adquirir determinadas destrezas y habilidades para después poder insertarte en el mercado laboral o insertarte -en una segunda perspectiva- en la sociedad como un ciudadano con determinados derechos. Podemos tener esas dos grandes visiones. Me resisto a hablar de crisis en la educación, y entrar en el discurso hegemónico tanto de la derecha que lo utiliza con fines electorales como el de la izquierda, sin decir que en realidad, al día de hoy hay más educación que en el pasado reciente. Explicanos eso. Hagan un ejercicio. ¿Cuántos años de educación tiene un pibe de 25 años? ¿Qué nivel educativo alcanzó alguien de 50 o 60 años y qué nivel educativo alcanzó uno de 80 años? Cada vez hay más educación. Están los datos de cómo se ha incrementado la matrícula en Secundaria. ¿Cómo se ha incrementado la matrícula a nivel terciario? Ha crecido sistemáticamente en los últimos años, la matrícula en esos dos niveles y al día de hoy, un pibe de 25 años tiene un nivel educativo mayor (estudió más años) que alguien que tenga 60 años promedialmente y ni que hablar con alguien que tenga 80 años. A su vez, con un nivel educativo muy inferior, una persona con 50 años se inserta con cierta estabilidad y salario a un mercado laboral y ni que hablar que el abuelo a su vez tuvo un trabajo para toda la vida. Ahí hay un desfasaje. Hay mayor cantidad de ingreso, mayor matriculación en Secundaria y en terciaria. También es cierto que muchos más quedan por el camino. Hay mayor deserción, mayor repetición sin dudas. Vale que un tipo pase por la universidad, aunque no termine, pero ¿eso no es un costo social muy alto que estamos pagando todos? ¿Para qué? Creo que son dolores de parto. De la misma manera que la escuela a principios del siglo XX fue el sustrato básico de la sociedad, a fines del siglo XX pasó a ser el sistema secundario y la aspiración de que para el siglo XXI todos puedan ingresar en la universidad. ¿Qué es un modelo universitario exitoso? ¿Aquel donde ingresan 200 en Agronomía y se reciben? Es un fracaso que se inicien y no lo terminen. Creo que no se mide así. Llegamos al tercer año del gobierno, ¿Cómo la ves? Me da la idea de que Mujica terminará dándole la razón a algo que decía Jorge Batlle al final de su mandato, que se cree que el presidente tiene poder, y no tiene ningún tipo de poder. Mujica es un gran articulador pero los tiempos de la articulación cada vez son más cortos y siento que no hay una impronta que registre el aporte del Pepe en las grandes áreas del país. Si uno mira, podría decirse que se esperaba mucho más porque no estaba esa incertidumbre de pagar el derecho de piso al desembarcar en el gobierno por primera vez. Ahora ya no está eso de que yo no sé cómo me va a responder el Ejército, no sé qué me va a pasar con la Policía, no sé qué va a pasar con los agentes económicos, no sé si el contexto del mundo va a ser favorable, no sé cuáles van a ser los efectos de una crisis social que en el 2005 todavía recibía los impactos de 2002. Todo eso no estaba en la agenda de Mujica. Eso por un lado. ¿Y por el otro? Por las características del liderazgo de Mujica, era esperable que tuviera algunos rasgos distintivos como los tuvo el gobierno de Tabaré. Uno dice: Tabaré, Plan Ceibal. Ahora no percibimos que pueda haber al final del período del Pepe un Plan Ceibal. Quiso serlo el Plan Juntos, pero dos años después, ya sea por la falta de confianza en Harvard, ya sea porque los que no son de Harvard no respondieron, sea por lo que decía Jorge Batlle: “Se cree que el presidente gobierna, y el presidente no tiene ningún tipo de poder”. Uno no visualiza un Plan Juntos que tenga la dimensión simbólica paradigmática que tenía un Plan Ceibal para Tabaré. Quizás pudo haber sido, pero ahí proyecto deseos personales y hay que tener en cuenta que vivimos al límite de las posibilidades y que el modelo de desarrollo tiene que ser distinto y que la sociedad tiene que recuperar otras cosas, otra calidad de convivencia, sentirse estimulados por otros aspectos de la vida que no sean simplemente “La Noche de los Descuentos” del shopping. Quizás sea la proyección que uno hace, pero yo me sentí identificado, tendí a enamorarme de la idea de que estamos viviendo al límite de las posibilidades, pero me dijo eso a mí, y a Costantini le dijo que va a hacer el puente. Es dialéctica la realidad. Entonces, ¿cómo conciliar eso? La sociedad uruguaya necesita dejar de construir muros reales y simbólicos, tratando de recuperar cierta humanidad a los más desfavorecidos y creo que eso tampoco se está dando. Quizás para entrar en consonancia con lo que pide y proyecta la sociedad, uno no piensa que van a ser los más desfavorecidos los más felices. Me parece que la impronta no es decir: “Esta sociedad ya no necesita tantos muros, necesita puentes” (no el de Garzón). Me parece que no hay capacidad de escapar a una lógica de mano dura o mano propia. Eso es lo fácil, pero me imaginaba al Pepe más líder de la mano tendida y no alimentando la mano dura o la mano propia. Es un sentimiento, no soy politólogo. Hablo como ciudadano; me pareció que las circunstancias de la elección del Pepe, todo el proceso aluvional, el hecho de no tener que pagar los derechos de piso de la primera administración. Ya estaba el antecedente, Mujica ya era ministro que pasaba a ser presidente, otra cosa es saltar de la Asociacion Española a la presidencia o de la presidencia del Frente a la Presidencia de la República. Son saltos diferentes. Uno ya sabía las cosas que podía hacer el Pepe. Me deja la sensación de que no ha cuajado en algo sustantivamente distinto de lo que podría haber sido cualquier otra persona como presidente. Pocas veces alguien tuvo tanto poder en algún momento como para poder hacer algún cambio y se le pasó. El doble voto del Presidente del Codicen no me parece que vaya a resolver los problemas de la educación. Si vos no sabés adónde vas a poner el barco… ¿Qué pasa con los gurises infractores? Les cambiás Interj, Semeji ahora es Cirpa pero va a ser IRPA. Le cambiás el nombre, pero la realidad de adentro es la misma. El problema central es que los pibes no van a ser reinsertados, rehabilitados, reformados porque “yo no los quiero”. Hay un problema conceptual severo y es considerar que el problema de la exclusión es un problema del otro. El problema de la exclusión es interactivo, por ejemplo decís: “Cerrá la puerta que yo a esta piba que está acá, no la quiero”. El problema no es que la mujer está excluida, sino que el problema es que vos no querés que entre. PERFIL: Tiene 52 años, hace 18 años que vive en pareja con una carioca que es educadora, tiene una hija de 8 años. Es Doctor en Sociología y Director del Instituto de Sociología Jurídica de la Facultad de Derecho.Hace 25 años que da clases en la Universidad y calcula haber tenido treinta mil alumnos.Vive en Pocitos, es hincha del cuadro uruguayo al que mejor le vaya en una competencia internacional y en lo nacional de cualquier chico que dé pelea. No tiene ningún hobby, se declara como un tipo aburrido. |